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Inevitables son aquellas cosas como suculentos son aquellos hechos que regeneraron dichas cosas.                              

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Dos:



Ella acaricia su cuerpo desnudo en la soledad, él accede a su pensamiento. Se encuentran buscándose en un manto del atardecer ante la mirada oculta entre sabanas de hielo, él y ella sucumban desde la otra orilla de unas estancias vacías.
En cada caricia la distancia desaparece y con cada gemido sordo sus manos se entrelazan a instantes suculentos, ya no hay distancia ni lejanía, sólo dos almas que se buscan desde la otra orilla.
Él la observa, ella silencia las caricias que deja en cada parte de su cuerpo, se humedece el ambiente y cada poro de su piel lagrimea a un tacto mojado en su ombligo.
Del deseo se adueña, él lo sabe, ella tiene la misma certeza y lo aprovecha. Las palpitaciones vigorizan su ya caliente entereza y él poco a poco con las caricias también empieza.
Ella se deja atrapar por su destreza, imagina las manos de él acariciando cada curva de su cuerpo y cae entre la maleza de su propia torpeza, él es sólo un reflejo en la orilla, ella... ella sólo piensa que él está entre sus piernas.
Ya no hay sutileza, él ya se imagina acariciando su cuerpo, bebiendo su néctar. Se imagina sus senos, el olor de su pelo, el sabor de su boca. Se imagina dentro de ella y con cada embate cada vez más fuerte una caricia para sentirse más cerca, en esos momentos no están lejos, tan sólo hay camino entre medias de un muro quebrado por gemidos de sus bocas, ella jadea suspiros desbordados cuando él la absorbe, cuando él la besa, cuando él está dentro de ella en un éxtasis colosal penetrando en la intensidad de los deseos.
Se tensan los pezones de ella, se eriza la piel de él cuando se besan, ella mordisquea su labio y atrapa la esencia que él le deja, las manos de él se deslizan, abre despacio sus piernas. Ella, así lo imagina, y se deja arropar por su fantasía y es así como ambos culminan, sin saberlo, en el mismo momento, en la misma espiral de lujuria y deseo, de placer y desenfreno, volviendo cada uno a mirarse, a través de la distancia y a volverse a encontrar cada uno en su orilla de unas estancias ya no tan vacías.



EvaBSanZ

8 comentarios:

  1. Y es que las distancia desaparece cuando ambos se encuentran entre caricias aunque sea desde una orilla.
    Un encuentro precioso de dos... un bello homenaje a la ruptura de la distancia.

    Mil besitos Eva.

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  2. ha sido todo un agradable placer leerte.

    un beso.

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  3. Cuando el cuerpo es capaz de experimentar lo que el interior siente y hacerlo sentir además, entonces la distancia es nada ante ese fuerte deseo.

    Dulces besos Eva.

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  4. En silencio camino
    bajo una lluvia.

    Tu me esperas
    con el corazón
    en pétalos...

    La ventana tiene luz
    mi corazón se acelra
    tu corazón arde.

    Anres de llamar
    abres
    antes de entrar,
    tu perfume me llama...

    Me llevas al lecho
    con pétalos de rosas.

    Te me abres en flor
    aspirando tu aroma...
    ...cuando ardes,
    me vierto...
    ...cuando me besas,
    repito y repito
    hasta saciarte...

    Fuera y
    con insistencia,
    cae la lluvia con placer...

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  5. Ella sabía que llegaría y no tenía prisa. Cada paso de su pensar, cada hecho con la realidad y a la vez, sentirse segura a cada momento...todo en ella era serenidad. No había nada que la perturbara y la espera podía ser larga. Sin embargo, vivía cada momento por ser suyo y de nadie más; plena de flores en su sentimiento. La magia de vivir era un hecho. Esperaría ni paciente ni impaciente; viviendo su vida por ser lo mas preciado que tenía...Nada había que la asustara, nada que la preocupara y la nada, se hizo amiga suya...

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  6. El entendimiento está en la piel, no siempre se necesitan palabras superfluas.

    Saludos,

    J.

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  7. Hola Eva.. Muy intenso, la distancia no existe.. Dicen que no existe la distancia mientras se ve la misma luna, y se desea lo mismo..
    Un abrazo..

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  8. El deseo de la piel y la sensualidad que nunca falten

    Un beso

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